Erasmus: un antes y un después en mí

El 14 de septiembre de 2014 es una fecha que jamás podré olvidar. Y no debido a que era el día de mi 21º cumpleaños, sino a que comenzaba una aventura nueva. Y eso, amigos lectores, es una de las mejores sensaciones que se puede tener en este mundo.

Recorrí alrededor de 1.500 km de carretera junto a mis padres y hermana hasta llegar al norte de Francia, concretamente a Lille. Tras una semana de compras, primeros papeleos y algún que otro viaje, mi familia estaba a punto de volver a España, mientras que yo me quedaba en lo que ahora se ha convertido en mi hogar francés. Cuando vi el coche que alejaba de mí a las tres personas más importantes de mi vida doblar la esquina y desaparecer, una sensación que jamás había experimentado anteriormente se apoderó de cada rincón de mi ser. Es difícil de explicar, pero digamos que era una mezcla de ilusión y nervios, con un toque final de miedo; no os voy a engañar. Pero sabía que estaba preparada para todo lo que iba a llegar.

Este momento del que os acabo de hablar pasó hace nueve meses y, sin embargo, parece que fue ayer. Haciendo un recorrido rápido a mi Erasmus, puedo afirmar que esta experiencia, aparte de ser muy divertida, te enriquece en muchos aspectos. Estos son algunos de ellos:

1. Maduras y te haces más independiente. Ya sabéis, ¡al menos un poquito! Por ejemplo, creo que antes de esto, había cocinado de verdad un par de veces… Y sin mucho éxito. Durante este año mis padres o abuela no estaban ahí esta vez para tener mi comida lista al llegar de la universidad, así que no me quedaba otra. Ahora puedo decir que no se me da tan mal y que incluso me lo paso bien en la cocina. Pero la cosa no se queda ahí. Entre tus nuevas actividades “preferidas”, se encuentran limpiar, hacer la colada, fregar los platos, llevar las cuentas, más y más papeleo, y algún que otro recado. En definitiva, aprendes a hacerte valer por ti mismo.

2. Te abres a otras culturas. Vivir en otro país es lo que tiene. Por mucho que Francia sea uno de nuestros países vecinos y esté justo arriba de nosotros, los franceses tienen sus propias costumbres. Al principio, algunas cosas te parecerán extrañas pero luego te acabarás acostumbrando a ellas y apreciándolas.

3. Creas amistades, muchas de ellas internacionales, para toda la vida. Ya antes del Erasmus, mis amigos no se encontraban solo dentro del territorio español. Aún así, he ampliado muchísimo estas fronteras. Una de las mejores cosas de Lille es que es una ciudad de estudiantes. Además, muchísimos de ellos, al igual que yo, son de intercambio. Por eso, cuando sales de fiesta puedes encontrarte a personas de cualquier nacionalidad. Gracias a esto he forjado fuertes lazos con personas de Italia, México, Polonia, Francia, China o Kirguistán, aparte de otros muchos lugares. ¡Lo mejor de todo es que ahora puedo visitar a toda esta gente en sus hogares!

4. Aprendes a valorar lo que tienes en casa. Esas visitas a tus abuelos o la típica comida familiar de domingo se vuelven más apetecibles. Cuando estás lejos de los tuyos durante un tiempo, añoras los pequeños momentos a su lado. Por eso, cuando vuelves, estás deseando hacer todo esto. Otra cosa que Lille me ha hecho valorar es el sol. Casi todos los días el cielo estaba nublado. Al principio no me importaba. Pero al cabo de un tiempo, echaba mucho de menos sentir los rayos en mi piel. Por eso, en cuanto se despejaba el cielo y subían un poco las temperaturas, como una auténtica guiri, me lanzaba a la calle a aprovechar la ocasión.

5. Mejoras idiomas. Aún me queda mucho que hacer para alcanzar un buen nivel de francés, pero obviamente ahora es mucho mejor que cuando llegué. Antes de irme, lo había estudiado durante los cuatro años de la E.S.O., pero no lo había tocado desde que lo dejé. Y, de todas formas, todo lo que aprendí durante primero y segundo, lo olvidé en tercero y cuarto debido a la profesora. Aún con mi bajo nivel, decidí ir a Francia porque el inglés ya lo llevaba bien y siempre he querido hablar un buen francés. Seguramente volveré en otra ocasión para seguir mejorándolo.

6. Es una oportunidad perfecta para viajar. Gracias a la buena situación geográfica de Lille, he podido conocer muchas ciudades nuevas y volver a otras cuantas de forma rápida y económica. He visitado Ámsterdam, Brujas, Londres, París, Bruselas, Gante, Rotterdam, Colonia, Utrecht y Luxemburgo. ¡No me puedo quejar! Estar en el centro de Europa será una de las cosas que más echaré de menos de Lille. Ahora en Madrid me queda otra vez todo tan lejos…

7. Te conoces mejor a ti mismo. Esto es probablemente una de las cosas por las que estoy más agradecida de haber hecho el Erasmus. Tener esta experiencia me ha hecho enfrentarme a nuevos retos y vivir cosas a las que nunca me había sometido anteriormente. Ves cómo reaccionas ante esto y cómo solucionas nuevos problemas, lo que te permite descubrir nuevas facetas de ti mismo.

Obviamente, no puedo resumir nueve meses de mi vida en unas cuantas líneas pero espero que os hayáis hecho una idea. Solo me queda dar las gracias a todas las personas que hicieron este sueño realidad y a las que me acompañaron durante el camino. Y tú, querido lector, si eres un posible futuro estudiante Erasmus que aún tiene algunas dudas, no lo pienses más. ¡Coge las maletas y vete!

Erasmus: un antes y un después en mí
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SofiaPozuelo
sofiapozueloarto@gmail.com
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