Road trip: Segundo día en Los Angeles

Nuestro segundo día en la increíble ciudad de Los Angeles comenzó por ir a buscar nuestro coche. Es imposible visitar esta ciudad sin alquilar uno ya que es gigante y las distancias son muy largas. Incluso en coche tardarás un ratito para ir de un lado a otro, y más si pillas uno de esos atascos típicos de las películas hollywoodenses. Una vez Maurice (así apodamos al coche, no me preguntéis por qué) era uno más del grupo, pusimos rumbo a Venice.

Lo primero que hicimos al llegar fue pasear por el Venice Canals Walkway. Es una auténtica preciosidad. Sus callecitas, sus canales, sus puentes, sus casitas… Es todo perfecto. ¡Algún día tendré una casita ahí! Bueno, quizá en mis sueños. Pero tenéis que ir a ver este sitio si alguna vez os encontráis en este lugar del mundo. Luego paseamos por el Ocean Front Walk (el paseo marítimo), que está lleno de gente de todo tipo y de las típicas tiendas de playa pero con ese toque distintivo de Venice.

De tanto pasear, apareció el hambre y ¿qué mejor forma para hacerle frente que con unos nachos con guacamole sentadas en Venice Beach? Por cierto, hay un parque de skate en el cual merece la pena asomarse y ver cómo los skaters practican mientras entretienen a los turistas más curiosos. Después de comer, llegó la hora de tumbarse en la arena y mojar los pies en el Océano Pacífico por primera vez en mi vida. Me encantó poder disfrutar de la playa en Venice Beach. Ya sé que suena a tópico, pero es tan de película que impresiona.

Más adelante cogimos el coche y empezamos a conducir a la aventura. Pasamos por algunos de los barrios más lujosos con casas de esas que te dejan boquiabierto. Ese día cenamos en In-N-Out Burger, una cadena de hamburguesas bastante popular de la costa oeste. A mí la hamburguesa de este sitio me pareció bastante normal. La verdad es que me decepcionó un poco ya que al ser tan famosas, me esperaba más. Me quedo con la cadena Shake Shack original de la costa este (hacen una de mis hamburguesas favoritas).

Para terminar el día y cuando ya había caído la noche, decidimos subir al Observatorio Griffith para divisar la ciudad y sus luces desde las alturas. Una auténtica pasada.

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SofiaPozuelo
sofiapozueloarto@gmail.com
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