Ay, cómo me gusta viajar. ¿¡Y a quién no!? De verdad, creo que pocas cosas hay más bonitas que conocer un sitio nuevo. No hay mejor inversión que viajar. Bueno, al lío. Como algunos sabréis, he trabajado 3 veranos de monitora en un campamento en Estados Unidos. Esta experiencia me ha permitido entablar amistad con personas de diferentes países. ¿Y por qué os cuento esto? Básicamente porque mi último viaje fue para visitar a una de estas amigas. A Anja, de Polonia. Actualmente estudia en Varsovia, así que este fue mi destino.

Todas las personas que me conocen, aunque sea un poquito, saben que viajar es una de mis pasiones. Emplear el dinero para explorar mundo nunca es un gasto, sino una inversión. Por esta razón viajo siempre que tengo la oportunidad, es una forma de aprender y crecer, y lo mejor es que es muy divertida. En mi universidad de Lille hay una asociación que organiza excursiones de un día y viajes. El sábado pasado tocaba Luxemburgo en un día, y… ¿por qué no ir?

Todo lo que necesitaba después de casi tres meses separada de mi familia era una pequeña escapada junto a mis padres y hermana. A mediados de septiembre, nos fuimos a Biarritz, una localidad situada en el suroeste de Francia y a escasos 20 km de la frontera con España. Unos cuantos años atrás, al volver de un viaje a París, pasamos una tarde bañándonos en una de las playas de esta ciudad. Debido a que nos quedamos con ganas de más y que está cerca de España, decidimos volver a Biarritz. La verdad es que es un sitio encantador, ideal para pasar unos días si quieres desconectar y disfrutar de sus playas.

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