El vuelo más largo de mi vida – Mi experiencia con Air China

Tenía pendiente contar en mi blog mi peor experiencia en el aire. Para ello, tengo que mirar hacia atrás cinco meses. Como ya sabréis, el pasado abril nos fuimos de viaje a Hong Kong y al Sudeste Asiático. Mi billete de vuelta a casa era el 18 de abril a las 17:30 de Hong Kong a Madrid (escala en Pekín de 4 horas) con Air China. Sin embargo, Kuala Lumpur era nuestro último destino del viaje y fue ese mismo 18 de abril cuando cogimos por la mañana nuestro vuelo desde la capital malaya a Hong Kong para poder volver a casa. Hasta ahí todo iba bien.

Al llegar a Hong Kong sobre las 12:30, vi que el vuelo a Pekín, también de Air China, anterior al mío llevaba atraso. “Mala señal”, pensé. Fui a hacer el check-in y ahí mismo me aseguraron que mi vuelo saldría más tarde también ya que había controles aéreos en Pekín. Ante mi cara de disgusto, el trabajador me aconsejó que en un rato me acercase a un stand de información una vez pasado el control situado al lado de la puerta de embarque número 20.

Después de contar las malas noticias a Elías, mi pareja, empecé a imaginar lo peor: llegaría tarde a Pekín y perdería mi conexión a Madrid. No iba mal encaminada… Pasamos por seguridad y como teníamos hambre, fuimos a comer pollo frito en una cadena de comida americana que no había escuchado en mi vida pero que a Elías le gustaba. Yo no podía pensar en otra cosa que en qué iba a pasar con mi vuelo a casa.

Después de comer fuimos al stand de información para ver si tenían detalles sobre a qué hora saldría mi vuelo. Aunque esa no era mi mayor intención. Mi propósito era ver si me podían meter en el vuelo a Pekín anterior al mío, ya que los pasajeros ni siquiera habían embarcado todavía. “Si conseguía poner mi culo en ese avión, seguramente no perdería mi vuelo a Madrid“, me dije a mí misma. Se lo comenté a los trabajadores de Air China y me dijeron que no. Si quería un hueco en ese avión tenía que pagar una cifra que superaba los 100 euros. Me negué. Por otra parte, tampoco tenían noticias sobre la nueva hora de despegue de mi vuelo Hong Kong – Pekín. Mi preocupación creció.

Mientras tanto, fuimos a la puerta de embarque de Elías, que volaba a Taipei y luego hasta Nueva York. Pasamos un rato sentados, disfrutando de nuestros últimos minutos juntos hasta nuestro próximo reencuentro. Desgraciadamente, no aproveché mucho ese último momento a su lado ya que estaba muy nerviosa por mi situación. Después de una triste despedida, volví para hablar con los empleados de Air China. Aún no había noticias. Di otra vuelta por el aeropuerto y me acerqué de nuevo. ¡Por fin sabían algo! Mi vuelo salía a las 19:30, 2 horas más tarde de lo previsto. No estaba mal ya que en un principio mi escala en Pekín era de 4 horas. Ahora contaba con 2 horas en el aeropuerto de la capital china, lo que era más que suficiente.

Eran las 19:30 y aún no habíamos embarcado. Llevábamos un buen rato de pie haciendo fila pero eso no se movía. Pensamientos pesimistas volvieron a inundarme la cabeza. Pasado un tiempo empezamos a embarcar. ¡Aleluya! Eran las 20:00 y ya estábamos todos sentados en nuestros asientos, esperando a que comenzara el despegue. En ese momento, hubo un mensaje por el altavoz. El mensaje fue en chino pero observando la reacción de mis compañeros asiáticos me pude imaginar que no era una buena noticia.

Como no decían el mensaje en inglés, enseguida le pregunté qué había pasado a dos hombres chinos que se encontraban al otro lado del pasillo. Iban trajeados por lo que supuse que lo suyo sería un viaje de negocios y que hablarían inglés. ¡Bingo! Por la boca de uno de ellos salieron las siguientes palabras: “the flight has been delayed for 2 more hours and we have to wait in the airplane”. ¡El vuelo había sido atrasado otras dos horas y teníamos que esperar en el avión! Ante mis lamentos, el otro hombre me dijo con un tono de humor: Welcome to China!

Les pedí que si me podían compartir internet para decir a mi familia que lo más seguro era que perdiese mi vuelo de Pekín a Madrid y que en cuanto tuviera noticias y acceso a internet, les volvería a decir algo. Amablemente, accedieron a ello. Una vez había hablado con mi familia, me tumbé en los 3 asientos que tenía para mí e intenté dormir para que esta pesadilla de vuelo desapareciera por unos instantes. A las 2 horas salimos. Eran ya las 10 de la noche. Frente a mí, tenía un vuelo de 4 horas y un futuro incierto. Media hora antes del aterrizaje, hablé con las azafatas para saber si tenían noticias sobre mi vuelo a Madrid, que salía a la 01:25 de la madrugada. Me dijeron que lo más seguro era que lo fuera a perder, pero que intentara llegar por si también había sufrido un atraso.

Una vez en Pekín…

Llegamos a Pekín sobre las 2 de la madrugada del día siguiente y todo el mundo estaba de pie ansioso, esperando a que abrieran las puertas del avión. Había más gente en mi situación. Salí del avión y vi que aún teníamos que coger un bus para que nos llevase a la terminal. “¡Joder”, grité en alto. El bus llegó, abrió las puertas y empecé a correr como una loca. Frente a mí, otras dos personas corrían sin parar.

Un empleado de Air China, cuyo estrés superaba al de cualquier persona del mundo en ese momento, iba preguntándonos a dónde íbamos para intentar ayudarnos. Le pregunté sobre el vuelo que salía a Madrid. Me comunicó que ya había despegado. Él me preguntó que si era Sofía y después de decirle que sí, me sacó dos billetes de avión. Eran billetes para ir a Frankfurt y luego a Madrid. Le pregunté que cuál era el próximo vuelo directo de Pekín a Madrid porque me negaba a dar tanta vuelta para ir a casa. Al decirme que era en 2 días, arranqué los billetes de su mano y salí pitando a por ese avión destino Frankfurt.

Después de correr mucho, pasar los controles de seguridad y confundirme de puerta, llegué a la puerta de embarque correcta. Embarcamos y después de unas 10 horas ya estábamos en Frankfurt. Al llegar a Alemania me sentí muy reconfortada ya que estaba en terreno europeo y más cerca de llegar a casa. Sin embargo, me tocaba esperar otras 3 horas a que saliera mi vuelo a Madrid. Pensaba en el vuelo de Kuala Lumpur a Hong Kong y parecía que había sido ya días atrás. No me podía creer que ese era el inicio de mi vuelta a casa y que aún no había llegado después de tantas horas.

Embarcamos a la hora y después de un par de horas por fin estaba en Madrid. Creo que nunca me había sentido tan feliz de llegar a casa.

Desde que salí de Kuala Lumpur la mañana anterior hasta que llegué al aeropuerto de Madrid pasaron alrededor de 35 horas. La mayor parte de ese tiempo lo pasé yo sola, lo que hizo de esta experiencia ser aún peor. Air China podría haberme ahorrado muchas horas de viaje y desesperación si hubieran tomado lo que yo creo que era la decisión correcta y me hubieran dejado coger el avión de Hong Kong a Pekín que salía unas horas antes que el mío y en el que había asientos libres. Así seguro que habría alcanzado mi vuelo de Pekín a Madrid…

Mis dos consejos:

¡No vueles con Air China!

¡Vuela siempre acompañado/a! 😛

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El vuelo más largo de mi vida – Mi experiencia con Air China
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SofiaPozuelo
sofiapozueloarto@gmail.com
4 Comentarios
  • Diana
    Posteado a las 13:06h, 01 septiembre Responder

    En un mes volamos con Air China 😱😱😱

    • SofiaPozuelo
      Posteado a las 13:27h, 01 septiembre Responder

      ¡Suerte! Jaja 😛 A ver, cualquier vuelo puede sufrir un atraso pero la gestión me pareció pésima, sin intentar dar una solución mejor y con los empleados muy estresados… Seguramente todo salga bien!! O eso espero! Pasadlo genial 🙂

  • Alize
    Posteado a las 17:02h, 03 septiembre Responder

    Si cuando digo que los chinos no me gustan demasiado… jejeje
    Madre mía, me pasa eso a mí y encima estando sola, y me da un patatús.
    ¡Besotes!

  • Carla
    Posteado a las 08:28h, 05 septiembre Responder

    Puf, vaya experiencia Sofía… 35 horas para volver a casa, menos mal que al final conseguiste llegar, jajajaja…
    De todas formas, esto pasa ‘en las mejores familias’, a nosotros nos pasó con Air France. Volvábamos Toronto – París – Madrid a la vuelta de Semana Santa, y habían retrasado el primer vuelo, por lo que teníamos una escala de apenas 1 hora y media en el Charles de Gaulle (un aeropuerto inmenso!). Como mi padre tiene problemas para caminar (lleva bastón) pedimos en el mostrador de Toronto asistencia para que nos recogieran en el avión proveniente de Toronto y nos dejaran en el que iba a Madrid, de puerta a puerta, para no perder el vuelo (el resto de la familia podíamos correr por el aeropuerto, pero mi padre no!). Nos dijeron que si, y cuál fue nuestra sorpresa cuando llegamos a París y nos encontramos con el siguiente periplo: bajamos los últimos del avión y nos llevaron en un mini-autobús a otra terminal, nos hicieron pasar un nuevo control de seguridad con toda la pachorra del mundo (a pesar de que les indicamos repetidas veces que teníamos muchísima prisa), nos hicieron pasar a otra sala en la que esperamos más de 20 minutos sin que nadie nos dijera nada, nos recogió otro mini-autobús que nos lleva a varios pasajeros a otra terminal, nos dan una silla de ruedas para mi padre (¡que tenemos que empujar nosotros!), tenemos que pasar el control de pasaportes (la polícía encima lentísima!), llegamos a las puertas de embarque y, obviamente, el avión ya había despegado. Cuando vamos a reclamar y preguntamos por nuestras maletas, nos dicen que las tienen ellos, que las maletas nunca embarcaron y que las subirán en el siguiente vuelo, para el que nos dan billetes. 4 horas después! Ni un ‘lo siento’, ni tickets para comer en el aeropuerto, ni un ‘pasad a la sala vip’, todo malas caras, echándose la culpa los de Air France al persona del aeropuerto y viceversa… Todo fatal, me debieron escuchar gritarle a los trabajadores de la aerolínea desde la otra punta de la ciudad, pero nada. En fin, una experiencia pésima con una aerolínea que, en teoría, es buena, pero yo desde luego no recomendaría volar con ellos nunca!

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