Tenía muchísimas ganas de ir a Asia. El hecho de estar en un país donde la cultura fuera bastante más diferente de lo que conocía hasta ahora me atraía a más no poder. Surgió la idea de ir a Japón y unas dos semanas antes del viaje, compramos los vuelos y el hotel en Tokio. Puedo decir que fue la aventura que más me ha hecho aprender hasta ahora.

En el viaje a Estrasburgo, en el que también visitamos algunas ciudades de Suiza (Lausana, Zurich y Lucerna) y la Selva Negra, tuvimos el tiempo y la suerte de decidirnos ir a conocer una pequeña ciudad a algo más de una hora al sur de Estrasburgo: Colmar (Francia). ¡Hay tantos lugares bonitos que ver en Colmar!

Si me das a elegir entre salado o dulce, no tengo ni la más mínima duda, me quedo con lo salado. Puedes hacer la prueba y poner delante de mi cara croissants, crêpes, donuts o lo que se te ocurra, que si luego me pones un sandwich, voy a pasar de lo demás y a devorar éste. Es por esta razón, que desde que mi hermana me recomendó un sitio llamado Magasand por sus sandwiches, no paré de pensar en ellos hasta que fui a probarlos.

El otro día alguien me preguntó que cuál era mi lugar favorito de todos los que he visitado. Me quedé pensativa. Ciudades como París o Nueva York vinieron a mi mente pero en realidad no era capaz de decidirme por ninguna. De repente, me acordé del increíble Gran Cañón del Colorado y sin pensarlo ni un segundo más lo dije: "¡El Gran Cañón, por supuesto!".

Durante mi año Erasmus en Lille, fueron muchas las veces que me tocó ver París en un día para enseñársela a mis visitas. Es cierto que París tiene mucho que ver y que se necesita más de un día para recorrer todas sus mejores calles y visitar los lugares más emblemáticos.

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