En esas temporadas en las que estamos prestando especial atención a nuestra salud y línea pensamos que es difícil hacer vida social a la hora de comer por ahí. Sin embargo, cada día van apareciendo más restaurantes que nos facilitan llevar una vida sana en cualquier momento.

Si me das a elegir entre salado o dulce, no tengo ni la más mínima duda, me quedo con lo salado. Puedes hacer la prueba y poner delante de mi cara croissants, crêpes, donuts o lo que se te ocurra, que si luego me pones un sandwich, voy a pasar de lo demás y a devorar éste. Es por esta razón, que desde que mi hermana me recomendó un sitio llamado Magasand por sus sandwiches, no paré de pensar en ellos hasta que fui a probarlos.

Me encantan los desayunos, pero esos en los que terminas con el estómago bien satisfecho. Seguro que muchos me entendéis muy bien. Sin duda alguna me parece una de las comidas más importantes del día, hay que empezar siempre con energía. Por eso, ¿qué mejor que quedar con una amiga tempranito para compartir este momento tan especial del día?

Si hace poco os hablaba de Lamucca de Pez, hoy os voy a dar a conocer otro restaurante del mismo grupo: Restaurante La Pescadería. Conocí este restaurante de la misma forma que el otro, paseando por Madrid. Íbamos en busca de un sitio para cenar, nos llamó la atención y decidimos entrar para probarlo. Fuimos afortunados porque aunque estaba lleno de gente, no nos tocó esperar.

¿Quién dijo que la comida vegana no puede estar deliciosa? Tengo la sensación de que mucha gente asocia una alimentación vegetariana o vegana con una dieta muy aburrida y poco sabrosa pero cada vez que voy a un restaurante de este tipo me demuestran que eso no es así. Hoy quedé con una amiga de la universidad que hacía unos meses que no veía, y aunque ninguna de las dos somos vegetarianas, terminamos yendo al restaurante VEGA, en Malasaña.

El fin de semana pasado salí a cenar con mis padres por Madrid. Paseando por la zona de Malasaña, nos llamó la atención una terraza abarrotada situada en la Plaza de Carlos Cambronero. Nos acercamos, nos gustó el ambiente y supusimos que la cola de gente esperando fuera sería por algún motivo. Todo esto nos empujó a decidirnos quedarnos en Lamucca de Pez. Cenar en la terraza nos fue imposible, teníamos como a 11 personas por delante de nosotros, así que nos tocó cenar dentro, donde la lista de espera era mucho menor.

Antiguamente las personas no solían salir de sus pueblos o ciudades, pasaban todos los años de sus vidas en el lugar en el que nacían. Incluso en la actualidad, se puede encontrar algunas personas mayores que nunca han dejado su tierra ni por un par de días. Cuando tenía 11 años, dejé mi ciudad natal, Zaragoza, para venir a vivir a Madrid. No fue un cambio enorme, alrededor de 300 km de grande, pero siempre duele dejar la tierra. Ahora me encanta el hecho de vivir en Madrid y creo que no volvería a la capital aragonesa. Sin embargo, me encanta volver a visitarla de vez en cuando.

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